Décadas atrás, criticar al gobierno era un acto temerario y valiente. Hoy, los amagues y presiones de cualquier autoridad siguen latentes, pero en la mayoría de los casos son inofensivos y México, en general, goza de una gran libertad de expresión. El desbordamiento de esta libertad es saludable (más vale que sobre y no que falte), pero cuando pone en peligro a los periodistas y sus familias, también es obligado el buen juicio de parte de los dueños de los medios.
Protágoras piensa que actualmente el principal peligro de los comunicadores no es tanto el gobierno, sino el crimen organizado, que en los últimos años se ha vuelto más inescrupuloso y virulento. La semana pasada, la sociedad nuevoleonesa se estremeció con los violentos ataques sufridos a instalaciones de un importante periódico local. Varias fuentes han especulado que tales ataques se vinculan a notas periodísticas publicadas por ese medio que afectarían los intereses del crimen organizado.
Se ha escuchado a algunos trabajadores del periódico inconformarse por la temeridad con que se les obliga a ejercer su oficio. Y lo más grave, dicen, es que su jefe les dicta las órdenes desde Austin, Texas, donde tiene su morada.El empresario abandonó Monterrey junto a su familia hace cuatro años, bajo el argumento de que no quería “comprometer” su “integridad editorial”. El problema es que, desde allá, muy bien resguardado, fija las líneas que deben seguir sus empleados de este lado, las cuales muchas veces atizan el de por sí latente encono delincuencial.El argumento del señor ha sido siempre ejercer, sin cortapisas, la libertad de expresión.
Pero Protágoras se cuestiona: ¿será valor el ejercer esa libertad de expresión al tiempo que se aleja él y su familia del país, mientras sus empleados deben permanecer y enfrentar los ataques y amenazas?¿Qué valor tiene una libertad que se basa en dar santo y seña de las acciones de la delincuencia, difundir sus dichos y amenazas, hacer ver que los malos son quienes ganan la batalla, etc...? ¿Marca esto una diferencia o es amargura personal? Dicen que la imprudencia lleva al caos y esto queda aquí bien demostrado.
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El martes pasado el gobernador de Tamaulipas,
Egidio Torre Cantú, sostuvo un encuentro con dirigentes del PRI local para hacer un balance de las elecciones.
Su mensaje principal fue que no le temblará la mano para realizar los ajustes necesarios dentro de su gobierno. El 1 de julio el PRI logró en Tamaulipas casi 56% más votos presidenciales que en 2006, pero perdió seis diputaciones federales frente al PAN y ese partido también lo superó, por segunda vez al hilo, en las elecciones para Senador. Así que Torre Cantú no está satisfecho y Protágoras escuchó que
algunos miembros de su equipo cercano podrían ya no regresar de sus placenteras vacaciones veraniegas.Se anticipan cambios en el gabinete tamaulipeco y éstos podrían abarcar áreas claves como Desarrollo Social, Salud e incluso la Secretaría General de Gobierno. Aguas.
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En Nuevo León, la desplumadera estuvo a todo vuelo con la expulsión de
Pedro Morales Somohano y Mario Guerrero del Instituto de Control Vehicular y de Metrorrey. Sus salidas, en medio de oprobiosos escándalos, fortalecen sin duda al gobierno de
Rodrigo Medina, quien hace patente su intolerancia a la corrupción.
No hay que olvidar que esta decisión afecta a personajes fuertemente asociados al gobierno de
Natividad González Parás y, de paso, rompe con el mito de que los heredados del ex gobernador tenían salvaguarda con Medina. Son peces grandes, por donde se les vea.A este reposicionamiento público de Medina se suma la expectativa de un gobierno federal priísta, a partir de diciembre próximo, lo que implica una renovación de delegados federales en Nuevo León, con quienes el mandatario estatal podrá, potencialmente, trabajar en forma más alineada.
¡¡Yássas!!