Claro. Era de esperarse el regreso, y con fuerza, del debate sobre la venta indiscriminada de armas en EEUU, a raíz del insensato ataque cometido por James Holmes en un cine de Colorado. Pero –y también era de esperarse-, lo que se discute menos, es si la violencia en el cine y la TV tienen algo que ver con el desarrollo de una mentalidad violenta como la de Holmes.
Y eso que las acciones de este asesino de 24 años imitaron, como copia al carbón, un acto de los que en la pantalla grande protagonizaba el personaje del Guasón (el “Joker” de Batman). Holmes traía el pelo teñido de naranja, al estilo del villano de la saga, y de hecho declaró a la policía de Denver que “él era el Guasón”. Testigos de la prisión dijeron al New York Daily que, una vez detenido, Holmes se comportaba “como si pensara que actuaba en una película”.
Sí, hay diversos temas de fondo en este caso: desde la facilidad para conseguir armas en EUU, pasando por el contexto familiar y social de Holmes (su educación, sus valores, su relación con sus padres, etc.), hasta el tema del vacío interior y la confusión del que son presa un creciente número de estadunidenses.
Sin embargo, sería simplemente irresponsable dejar fuera de la ecuación a la maquinaria de Hollywood y su influencia sobre la sociedad.
Fue en 1968 cuando en Estados Unidos dejó de existir un órgano que controlara los contenidos en el cine, incluyendo la dosis de violencia. Ese año se abolió el Motion Picture Production Code que rigió a Hollywood durante décadas, y el control se redujo, por vez primera, a la mera clasificación por edades de las películas. De esta forma, triunfó la polémica noción de que los contenidos mediáticos no ejercen una influencia social, ni formativa ni destructiva, que sea digna de ser fiscalizada. Mientras la película esté aprobada para adultos, puede contener toda la violencia que le plazca, y manejar los códigos morales a su total discreción, bajo un principio de libertad de expresión que, sin embargo, no ha dejado de desatar discusiones entre amplios sectores de la sociedad.
Coincidencia o no, un dato que consta en los archivos del FBI, es que es justamente después de 1968 cuando se dispara la violencia criminal en los Estados Unidos. Mientras que en los años cincuenta y sesenta, se cometían alrededor de 150 crímenes violentos por cada 700,000 habitantes, en 1970 este número subió a 350, luego a 600 en los ochentas, y alcanzó un pico de 800 para los noventas, asentándose de nuevo en 600 en la última década.
Es también en las últimas décadas cuando se disparan los ataques con armas en las escuelas estadunidenses. De 14 muertos que dejaron estos ataques en los 70’s, en los 90’s se llegó a 69 muertos, para luego sumar 104 fallecidos entre el 2000 y el 2010.
¿Tiene alguna responsabilidad Hollywood? Infinidad de estudios han revelado conclusiones encontradas. Unos dicen que la violencia en el cine y la TV son un distractor “sano”, pero otros encuentran una preocupante correlación entre el cine violento y la violencia social.
Recientemente, un estudio de la Universidad de Pittsburgh reportó que los niños estadunidenses están expuestos a unos 10,000 actos de violencia al año, en películas y programas de TV. El mismo estudio concluyó que cuando los menores de seis años acostumbran sintonizar programas como Batman y Superman, tienden a ser más agresivos que los que sólo miran programas con contenidos no violentos.
En una declaración firmada por seis sociedades profesionales, incluyendo a la Asociación de Psicología Americana y a la Academia Americana de Pediatría, se afirma que “más de 1000 estudios confirman, abrumadoramente, que hay una conexión de causalidad entre la violencia en los medios y los comportamientos agresivos de algunos niños”.
Otro estudio sobre violencia en la TV estadunidense indica que el 60% de las escenas de una muestra de 10,000 programas, son escenas violentas, y en un 30% de esos programas, el villano nunca recibe un castigo.
En el otro lado del espectro, hay un estudio de la Universidad de California que dice que ir al cine “disminuye la violencia”, porque mantiene a los potenciales agresores confinados a las salas de cine y tomando refrescos, en vez de andar vagando y consumiendo alcohol. No olvidemos, sin embargo, que es en las universidades en California donde se ofrecen las principales carreras de cinematografía. Estamos hablando de un negocio mundial de unos 30 mil millones de dólares (30 billones, en inglés). Nomás. Quizá por eso, hoy, el tema de si la violencia de Hollywood es nociva, se discute menos.